La Guerra de la Independencia Española (II), España se organiza y lucha.

   La reacción de la nación española llegó pronto a los oídos de Napoleón, lo que le impulsó a reunir en Bayona un simulacro de Cortes Españolas, que el 15 de junio dieron una Constitución a nuestro país, por la cual el hermano del Emperador, José Bonaparte, se convierte en el nuevo Rey de España. El 20 de julio entra en Madrid, pero ante el odio que genera entre la población, dirige a su hermano unas palabras que terminarían siendo totalmente acertadas: “Tengo por enemiga a una nación de doce millones de habitantes, bravos y exasperados hasta el extremo… Todo lo que se hizo aquí el 2 de mayo, es odioso….; No se ha tenido ninguna consideración para este pueblo…. No, señor: Estáis en un error, vuestra gloria se hundirá en España…“. A pesar de la advertencia, Napoleón siguió subestimando a los españoles.

   El levantamiento iniciado en Madrid, se propaga rápidamente por Andalucía y Extremadura, pero va a corresponder a Asturias, como ya ocurriera con la Reconquista ante el Islam, el iniciar oficialmente la guerra contra el invasor. En Oviedo, los estudiantes y el Ejército se unen para luchar, mientras que el Gobierno se une a ellos y declara la Guerra a Napoleón. Para ello, crean el 24 de mayo una Junta Suprema de Gobierno, encargada de organizar el alzamiento. Poco después, ciudades como Santander, La Coruña, Sevilla y Cádiz siguen el ejemplo asturiano, a la vez que se pide ayuda a Inglaterra. La Guerra había comenzado.

   Las primeras batallas se libran en tierras andaluzas, donde las tropas francesas, dirigidas por el General Dupont, muestran su crueldad y saquean vilmente Córdoba y Jaén. A pesar de la superioridad del enemigo, los españoles, bajo el mando del general Castaños, deciden atacar para impedir la entrada francesa en Cádiz. El enfrentamiento tiene lugar en Bailén, donde el 19 de julio   Sde 1808 se produce la primera derrota de las águilas napoleónicas en toda su historia. Tres días después se firmó la capitulación de Bailén, entregando los franceses banderas y 20.000 prisioneros de guerra así como vasos sagrados, robados a su paso por Andalucía. Con esta derrota, el pueblo español, muestra al mundo que Napoleón no es invencible, y Europa entera comienza a despertar. Son muchos los que niegan la importancia de la victoria de Bailén. Incluso, en el Arco del Triunfo de París, aparece escrito el nombre de la localidad andaluza entre las victorias logradas. Nada más lejos de la realidad, pero el orgullo francés no tiene límites. Lo único cierto, es que con esta derrota, comenzó el declive de Napoleón, no solo en España, sino también en Europa.

   La moral española se encontraba por las nubes, pero los franceses no estaban dispuestos a caer derrotados en España, a la que Napoleón consideraba muy inferior. José abandonó Madrid y se retiró hacia el Ebro, donde el general Lefevbre mantenía sitiada Zaragoza, bajo amenaza de matar a todos sus habitantes si no se rendían. Los valerosos aragoneses contestan negativamente y se aprestan a realizar la heroica defensa que los inmortalizará. Y cuando tras una pieza de la artillería española caen todos los hombres, surge la heroína famosa. Es una mujer del pueblo, “Agustina de Aragón”, la que prende valerosamente la mecha del cañón que contiene a los asaltantes. En estas gloriosas jornadas, los baturros dan generosamente su sangre en defensa de la independencia patria y cuando no tienen piedras ni sacos terreros para taponar las brechas que en las murallas hace la metralla enemiga, cierran con cadáveres de sus propios hermanos caídos. Ante las amenazas de capitulación, contesta el general Palafox “¡Guerra a cuchillo!”. Y el 31 de agosto los franceses levantan el sitio de Zaragoza, que les costó más de 3.000 bajas.

   Los dirigentes de las Juntas regionales que se crearon en toda España, viendo el éxito de sus acciones, decidieron crear una Junta Suprema Central, al mando de la cual se acordó colocar al duque de Floridablanca. Dicha Junta, tomó Aranjuez como sede habitual, y acumuló todos los poderes ante la ausencia del Rey. También, el 1 de Octubre, se celebra en Madrid un Consejo de generales, dividiendo en cuatro los ejércitos españoles: uno en Vascongadas y Norte de Castilla, a las órdenes de Blake, otro en Cataluña, mandado por Juan Manuel Vives, un tercero para Andalucía, dirigido por Castaños y un cuarto en Aragón para Palafox.

   Con todo ésto, las bases para lograr la libertad de España estaban creadas. Ahora solo faltaba vencer a los franceses. Pero Napoleón no estaba dispuesto a caer ante los españoles, y decidió venir él mismo para dirigir las operaciones.

El general Palafox dirigió a la población zaragozana en su resistencia.

El general Palafox dirigió a la población zaragozana en su resistencia.

  

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