La Guerra de la Independencia Española (III). Napoleón viene a España e Inglaterra interviene en la Guerra.

Estandarte utilizado por los patriotas españoles durante la guerra.

Estandarte utilizado por los patriotas españoles durante la guerra.

   El 8 de Noviembre de 1808, el Emperador de los franceses pone pie en España, acompañado por un Ejército de más de 250.000 soldados que habían salido victoriosos en decenas de batallas a lo largo y ancho del viejo continente. En apenas tres semanas, los franceses derrotan a las tropas españolas del norte y ponen rumbo hacia la capital de España. Así, el 20 del mismo mes, los invasores, a pesar de sufrir numerosas bajas a manos de los españoles, cruzan la sierra de Guadarrama, con una intervención fundamental de la caballería polaca. Napoleón ya tenía vía libre hasta Madrid, y el 2 de Diciembre entra en la villa, obligando a la Junta Central a trasladarse a Badajoz.

   El corso ataca inmediatamente, y la ciudad, defendida apenas por una guarnición de 500 hombres, capitula el día 4. José Bonaparte es repuesto como Rey, entrando de nuevo en el Palacio Real el día 20. Una vez que la situación parecía resuelta, Napoleón decide volver a París para solucionar un conflicto con Austria, no sin antes tener que hacer frente a las primeras tropas inglesas que llegaron a la Península a su paso por la frontera.

   Pero la marcha de Napoleón no supuso el final de la guerra, sino que el horror de la misma continuó. Y lo hizo con un segundo sitio sobre la ciudad de Zaragoza, que quedó cercada por un total de 36.000 invasores que se emplearon con la más inhumana crueldad contra los bravos aragoneses liderados por Palafox. Sin embargo, la superioridad francesa no se traducía en resultados, ya que los defensores les obligaban a conquistar casa por casa, perdiendo en cada una multitud de efectivos. La heróica ciudad resistió inexpugnable y la bandera española seguía brillando en el Ebro junto a la Basilica del Pilar, centro de peregrinación de los defensores para pedir ayuda a la Vírgen, su Capitana General. El escenario se mantuvo intacto hasta principios de Febrero de 1809, cuando el general Lannes ideó un plan que obligó a los españoles a capitular el dia 20. Las consecuencias de la contienda fueron debastadoras. Zaragoza pasó de contar con una población de 55.000 habitantes a 18.000, 14.000 de los cuales estaban enfermos. Cuando los franceses entraron en la ciudad, toda su belleza había desaparecido. Hoy, bajo nuestros pies están enterrados los restos de aquellos héroes. Sobre nosotros, sus almas reposan en el cielo.

   Una vez caída Zaragoza, un ejemplo para toda la nación, había caído, los franceses dirigieron sus ataques a otro símbolo del valor hispano, Gerona, sitiada ya dos veces, ambas sin éxito. En este tercer ataque, fue el general Saint-Cyr, con 30.000 hombres el encargado de intentar asaltar por fin la ciudad catalana. En frente, 15.000 almas españolas de león movidas por su fé en San Narciso, patrón de la población, en su general Álvarez De Castro, y ante todo, en España. A ninguna intimidación quieren escuchar. Una granada abate la bandera que tremola en lo alto, pero un valiente apellidado Montoro la enarbola de nuevo, entre una lluvia de balas. Todo el verano atacan los franceses sin conseguir entrar. Es asombrosa la entereza y sangre fría del general Álvarez de Castro y de los gerundenses; pero el hambre unido también a la epidemia, va diezmando a los héroes. Más de 20.000 hombres perdieron los franceses, hasta ocupar la plaza el 10 de diciembre de 1809. Álvarez de Castro fue apresado y hay indicios de muerte violenta.

   Mientras tanto, en el otro extremo de la Península, comenzaba a llegar la ayuda inglesa. A principios de 1809, un Ejército bajo el mando del general inglés John Moore entra en España a través de Portugal. Su intención era llegar hasta Madrid, pero se ven obligados a replegarse hacia La Coruña debido al empuje francés. Allí, los británicos lograron embarcar apresuradamete en dirección a las Islas, a las cuales el propio Moore no logró llegar, ya que pereció en la empresa. A pesar de este fracaso, Inglaterra estaba dispuesta a derrotar a Napoleón, y en 1810 envió un nuevo Ejército dirigido por el general Wellington, que logró reunir en tierras portuguesas a 130.000 combatientes de los tres países enfrentados a Francia. Coimbra y Torre-Vedras son el escenario donde las tropas francesas del general Massena son derrotadas, por lo que los invasores se ven obligados a evacuar el país luso, que queda así liberado. Ya en España, el mismo Wellington, derrota de nuevo en Fuente de Oñoro a Massena. La intervención inglesa, contribuyó de este modo a combatir a Napoleón con mayores garantías, aunque para nada fue tan decisiba como ellos dicen en la actualidad.

   Otros que también comenzaron a organizarse en esta época, fueron los guerrilleros españoles, que formaron pequeños grupos que causaron gran cantidad de daños a los franceses, tanto materiales como humanos. Entre los más destacados, se encuentra el navarro Francisco Espoz y Mina, que tiene 30 años y combate al lado su tío Javier; en cuarenta y tres acciones de guerra vence a los más famosos generales franceses. Al frente de su partida, toma varias plazas, imponiendo una contribución de 100 onzas de oro mensuales a la aduana francesa de Irún. Cuando muere en 1836, su viuda recibe el título de Condesa y el nombre del general Espoz y Mina se inscribe en el Congreso de los Diputados, entre otros héroes de la libertad.

    Un guerrillero aventaja a todos en fama: Juan Martín Díaz, conocido por el sobrenombre de “El Empecinado”. Nacido en Castrillo de Duero (Valladolid), tiene 33 años al estallar la guerra de la Independencia. Antes luchó contra Francia en el Rosellón. Su fortaleza física, hermana con su corazón generoso y amor a la libertad. Empieza formando una guerrilla de media docena de convecinos equipados y armados por él mismo. Con ellos intercepta correos, combate y hace prisioneros. Más tarde, sus efectivos aumentan y se convierte en el temor de los franceses. 

 

   Así se inmortalizaron en Navarra, Javier Mina y su sobrino; en las montañas de Burgos, el cura Jerónimo Merino; en Salamanca, Julián Sánchez “El Charro”; en La Mancha, el médico Juan Palarea; en Cataluña, el barón de Eroles, Francisco Miláns del Bosch y tantos otros que supusieron enaltecer a la Patria.

   Con todos estos logros, la moral española estaba más alta que nunca, y la victoria, cada vez más cercana.

 

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Una respuesta to “La Guerra de la Independencia Española (III). Napoleón viene a España e Inglaterra interviene en la Guerra.”

  1. La Guerra de la Independencia Española (III). Napoleón viene a España e Inglaterra interviene en la Guerra. | TengoPolitica.com Says:

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