La Guerra de la Independencia Española (IV), El final de la Guerra.

   Napoleón no podía permitir que sus invictas tropas cayeran en España, y tras vencer a Austria, envió sus mejores hombres a la Península. Con ellos, el general Soult penetró en Andalucía tomando Sierra Morena y Sevilla, para llegar a Cádiz, donde tuvo lugar el enésimo acto de heroísmo de los españoles. La ciudad es sitiada, y a la población se le unen soldados de Extremadura, portugueses e ingleses, tanto por tierra como por mar. Los enfrentamientos se prolongarían durante meses.

   Cádiz se convierte en la única plaza que todavía no está en poder de los franceses, por lo que la Junta Central decide trasladarse allí, a la Isla de León. Mientras tanto, los bombardeos continuan, y los patriotas españoles son aplastados brutalmente por los invasores, que siguen sin poder entrar en la población. En este ambiente bélico, los dirigentes proclaman el 24 de Septiembre de 1810 las Cortes de Cádiz, recibidas con entusiasmo por el pueblo. Los diputados se reúnen este memorable día, en el Salón del Ayuntamiento de la Isla de León. Antes de iniciar la asamblea, se dirigen presididos por los regentes, a la Iglesia Mayor, donde oyen la misa del Espíritu Santo. Los diputados prestan su juramento solemne con calma majestuosa:

“¿Juráis- se les pregunta- defender la religión católica, apostólica y romana, la integridad del territorio nacional, el trono de Fernando VII y el desempeño fiel de vuestro cometido?.

¡Sí juramos!- responden con nutrida voz.

Dios os lo premie si así lo hiciereis y si no os lo demande.”

   Así nace la aurora de la moderna libertad española, en medio de una guerra contra un país extranjero, estando las Cortes rodeadas de baterías enemigas que no cesan de hostigarlas.

   El optimismo se extiende por toda la nación, lo que hace que en 1811 la guerra de un giro de 360º. En Febrero, Castaños derrota a los franceses en Extremadura, lo que unido a la conquista del castillo de Figueras por sorpresa, constituyen dos duros golpes para el invasor. Posteriormente, los patriotas españoles de Cataluña, realizaron en Mayo una defensa brillante de la ciudad de Tarragona,  a pesar de la derrota final debido a la inmensa superioridad napoleónica. Simultaneamente, la flota británica descargaba a diario terribles andanadas contra la escuadra imperial, en cuyas filas comienza a aparecer el nervisismo. Por primera vez, los franceses veían la posibilidad de salir vencidos de España como algo posible.

   Pero a pesar de las expectativas creadas, la segunda mitad del año no iba a ser muy positiva para España, que no lograría ningún avance significativo durante ese periodo. Por ello, en Enero de 1812 se reactivó la fundamental contribución de los guerrilleros. En este mes y febrero de 1812, capitulan Valencia, Peñíscola y Denia, mientras que Tarifa resiste y  el inglés Lord Wellington toma Ciudad Rodrigo. A pesar de las pérdidas, esta última victoria, unida al daño que la guerrilla propugnaba a Francia, arengó de nuevo el ardiente corazón del noble pueblo hispano. Las Cortes promulgan en Cádiz la Constitución que es aclamada con entusiasmo por el pueblo el 19 de marzo. Se convoca a la nación a elecciones para Cortes ordinarias en el año de 1813.

   Lord Wellington consigue tomar Badajoz y derrota completamente a los franceses en la batalla de los Arapiles, cerca de Salamanca, el 22 de julio; en esta batalla se les hacen 7.000 prisioneros y otros tantos muertos y heridos. Triunfalmente llega el general inglés hasta Madrid, obligando a evacuarlo precipitadamente al Rey José, entrando victorioso en la capital de España el día 12 de agosto de 1812.

  Wellington es nombrado por las Cortes “general en jefe de las fuerzas españolas” y se le concede el título de duque de Ciudad Rodrigo. Las fuerzas del Rey José que salieron de Madrid, se unen a las del general Soult, comprometiendo la situación de Lord Wellington. Este general marcha a Portugal para rehacer su ejército, circunstancia que aprovecha el Rey José para entrar nuevamente en Madrid el 2 de noviembre de 1812. Napoleón no puede enviarle refuerzos por estar en lucha contra Rusia y le ordena trasladar la corte a Valladolid, a mediados de marzo de 1813. Lord Wellington con sus tropas anglo-españolas obliga al Rey José a retirarse de Valladolid a Burgos, el 9 de junio de Burgos a Miranda y de Miranda a Vitoria.Perseguido de cerca el Rey “Intruso” tiene que aceptar la batalla en el llano de Vitoria el 21 de junio de 1813, siendo derrotado y obligando al rey a cruzar la frontera precipitadamente. Cae en poder de los españoles el equipaje del Rey, sus papeles íntimos y un inmenso botín, procedentes del saqueo francés.

   Acto seguido, el general Freire derrota a los franceses en San Marcial el 31 de Agosto, el mismo día en que las tropas hipano-portuguesas entran en San Sebastián. La contienda comenzaba a teñirse de color rojigualda, lo que se confirmaría un año después, el 31 de Octubre de 1813, cuando Wellington toma Pamplona y penetra en territorio francés.

   Napoleón sabía que la guerra estaba perdida, y comienza a negociar con su prisionero en Valencey, Fernando VII para devolverle el trono que le robó. El monarca español, acepta un vergonzoso Tratado de paz, que las Cortes rechazarían, ya en Madrid, el 2 de Febrero de 1814.El 6 de febrero abdica Napoleón en Fontainebleau. Se pacta la suspensión de hostilidades entre Wellington y los franceses Soult y Suchet, en los días 18 y 19 de abril de 1814, obligándose a devolver a España todas las plazas ocupadas.

   España estaba libre. El bárbaro invasor francés, no había podido acabar con la nobleza y el patriotismo del bravo hidalgo español. Se cerraba así uno de los episodios más brillantes de la rica historia de nuestra vieja nación.

   Hoy, 200 años después, son muchos quienes quieren hacernos olvidar este glorioso pasaje de nuestro pasado. No lo permitamos.

El valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que hasta que España sucumba
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero.”

 

 

Monumento a los mártires de la Religión y de la Patria. Plaza de España de Zaragoza

Monumento a los mártires de la Religión y de la Patria. Plaza de España de Zaragoza

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3 comentarios to “La Guerra de la Independencia Española (IV), El final de la Guerra.”

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    Uuuhhh que bueno estaba ese tal Napoleón….

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